El trabajo sucio
Estaba un servidor apoltronado en su sillón, al borde de la inconsciencia, cuando sonó el teléfono. Un señor muy amable y simpático me dijo que llamaba del Corte Inglés. Quería tomar las medidas de mi cuarto de baño para colocar una mampara. Le respondí que sin problemas, que alguien habría en casa. El tipo me prometió presentarse en lo que tardase en llegar desde Badajoz. Aparqué al tío de las mamparas en lo más recóndito de mi subconsciente y seguí en el sillón tranquilito. Al cabo de un cuarto de hora, sentí la llamada de lo salvaje. Decidido y confiado, agarré el periódico y me dispuse a mi sacrosanta acción. Pasada la sección de deportes (siempre al final de los diarios), sonó el timbre... El tipo de las mamparas, me dije acongojado. Salí escopetado del baño, espero que bien limpito, y le dije a mi hermana de 12 años que le atendiese. La pobre no sabía muy bien de que iba aquello, pero como soy de naturaleza cobarde y mezquina me agazapé en mi habitación a esperar. Oí voces desde el pasillo y al abrirse la puerta del baño unos sonoros "¡buuf!" aullados por el pobre tipo de las mamparas. Los "buufs" se estuvieron oyendo un buen rato. Hasta que no oí la puerta de la calle cerrándose no tuve valor para salir de mi escondrijo.
Así que si usted, señor de las mamparas lee esto, por favor, le ruego que no me guarde rencor, fue sin querer. Y recuerde, podría ser peor, podría llover... caca.
Así que si usted, señor de las mamparas lee esto, por favor, le ruego que no me guarde rencor, fue sin querer. Y recuerde, podría ser peor, podría llover... caca.
